diarios de abril

2/04 — Orchha
Chaturbhuj
Un templo enorme, con planta en cruz, como la de una iglesia. Desde arriba las vistas son excelentes; Michael, el muchacho que nos enseña la terraza, es muy simpático.
Cruzamos un puente de piedra sobre el rio Betwa (que con sus meandros, hace de Orchha una isla) y vamos hacia el complejo de Vehangir Mahal, de estilo islámico medieval.
Raja Mahal
El palacio es grande, (parecido al de Bundi) y dentro de él está el Unth Khana, (establos de camellos).
Niwan – E –Am y el Praven Mahal, con su cuidado jardín.
Salimos y vamos directamente al Bhola, restaurante donde comimos, a por unos refrescos antes de seguir hacia los templos que hay fuera del pueblo.
Lakshmi Narayan
Un templo que vemos por pelos, ya que está cerrando y el hombre que lo cuida nos deja visitarlo unos minutos; tiempo más que suficiente, ya que no es muy grande.
Hay algunas pinturas con algún detalle. Su arquitectura sorprende (para lo pequeño que es) y las vistas superan a todos los demás.
Hacemos tiempo en el mercado y la nena compra unas pulseras. La familia que lleva el negocio es muy entrañable y humilde; sobre todo el niño. Un crio de apenas ocho años, pero con un desparpajo que nos ha engatusado. Hemos estado un buen rato con ellos; nos invitaban a su casa mañana a tomar chai. Fantásticos.
Otro día más. Diana, hacer la mochila y salimos hacia Jhansi, de allí a Gwalior.
La carretera está en obras. Los campos que pasamos están salpicados de árboles sin hojas, con unas flores rojas muy bonitas y que le dan al entorno un colorido especial.
3/04 — Gwalior
Sin casi tiempo, salimos directamente a ver el fuerte. La puerta la guardan dos sardulas preciosas. Hay que subir un buen trozo andando; la pared está llena de figurillas en relieve; muy desgastadas y maltratadas.
Man Singh
También llamado Chit Mandi, (palacio pintado), por las figuras de patos y animales que hay en los pocos pero vistosos azulejos de color amarillo y azul. Es diferente en esto precisamente, en lo colorido de su muro exterior.
El palacio es inmenso y aún se utiliza como tal.
Sas Bahu
Dos templos preciosos y diferentes a los demás. El mayor (que llaman el de la suegra) es muy curioso; tiene unas columnas enormes sujetando el techo. El otro, más pequeño, (el de la nuera) no es menos bonito.
El Teli Ka Madir. De los más antiguos, utilizado como bar por los ingleses.
Museo Jai Vilas
Está diseñado a la mayor grandeza de los maharajás, sobre todo de Madhavrao y su familia.
Dentro hay de todo. Desde una piscina interior, sólo para mujeres, hasta un comedor con los muebles de cristal. Un enorme comedor donde hay una larga mesa por la que circula un tren que transporta puros y brandi. Hasta tigres disecados y montones de objetos a la mayor gloria de los maharajás. Una de las tres mesas que hay de Napoleón. Por fuera, multitud de vehículos de todas clase y barcas. Hay lámparas enormes, las más grandes del mundo, alfombras enormes que tardaron doce años en tejerse.
Al día siguiente, salimos hacia Agra.
Ya estamos otra vez en tierras de Uttar Pradesh.
Los campos, llenos de trigo que siegan a mano, me recuerda mucho a mi tierra castellana. También hay modernas cosechadoras y camiones que se mueven de un lugar a otro, haciendo lento el avance.
4/04 — Agra
De nuevo en Agra, una ciudad que me encanta.
Cogemos un bus hasta Fatherpur Sikri.
Entramos por la enorme puerta de la victoria o “Buland Darwaza” de poco más de 50 metros de altura (la más grande de Asia). El patio, enorme, alberga la tumba de un santón muy querido y visitado. Nosotros pasamos, con un gorrillo de plástico verde con un guía y nos bendicen con una pluma de pavo real y ponemos un hilo en un jalis “celosías de mármol”. Las mujeres locales ponen este hilo buscando fecundidad en sus embarazos.
Palacio de Jodh Bai
El tejado está hecho con tejas de color azul. Todo lo demás es de color rojizo salvo las cúpulas que son de un color blanco sucio.
Hay grupos de turistas por todas partes y los guías y vendedores se pueden poner muy pesados. Perdemos la paciencia más de una vez.
Dentro hay más palacios, la silla del astrólogo (con su enorme columna central), la de las reinas.
Cogemos el bus de vuelta. El bus hay que verlo, cogido con cuatro remaches, pensamos que nos llegamos, ya que se ha tenido que parar varias veces por que se oían ruidos. He filmado hasta video. Llegamos de milagro.
Hemos encontrado tan diferente Agra. La anterior vez, andábamos en abrigo y treking. La niebla hacía que Agra pareciera más a algún lugar de montaña. Ahora, vestidos de corto y con un calor terrible. Pero me sigue gustando muchísimo.
Al día siguiente, sin prisas…
Taj Mahal
Este mausoleo construido en 1631 en honor a la esposa muerta (al dar a luz) de Sha Yahan, es un trabajo en mármol blanco que duro más de 22 años y empleo a más de 20000 personas, alguna venida desde Europa.
La puerta norte, da a unos jardines muy cuidados, sobre todo en la parte que da al frontal del Taj. La nena dice que es como estar en el paraíso. El edificio del mausoleo se abre ante los ojos nada más pasar la puerta. Bordeado de cuatro alminares de 40 metros de alto y de un porte majestuoso, (se dice que están levemente desplomados hacia afuera, por si un terremoto azotara el edificio, las torres caerían hacia afuera, dejando el Taj intacto).
El Taj, de lejos es grande, pero es cuando te acercas, cuando ves su verdadero tamaño.
Adornado con miles de figuras en piedras semi preciosas y versos del Corán, con arcadas y ventanas en una delicada harmonia. Esconde en su interior, las tumbas del creador y su esposa. Lo que se puede ver, (están prohibidas las fotos, aunque todo el mundo las hace) son sus cenotafios. Los cuerpos reposan, juntos y para toda la eternidad debajo, en los sótanos. Los cenotafios están rodeados por unas jalis, preciosas, hasta la altura de los hombros. Lo cenotafios de Muntaz y Sha Yahan, son sencillas cajas revestidas del mismo mármol que conforma todo el Taj (ahí radica su grandeza y su hermosura, en su sencillez.
Después de casi tres horas, disfrutando, giramos la cabeza para retener lo más posible, tanta belleza en nuestras retinas.
A mí me ha gustado mucho, pero la nena ha flipado. No tiene nada que ver con lo que te han contado, lo que hayas leído o lo que hayas visto antes sobre el tema, el Taj hay que respirarlo para tener una pequeña idea de lo que Yahan quiso transmitir al encargar semejante obra de arte.
Sha Yahan acabó sus días encerrado en el fuerte, no lejos de aquí; desde su ventana se veía el Taj. A la muerte de Yahan hizo que lo enterraran junto a su tan querida esposa; rompiendo así la simetría que domina esta gran mole de mármol blanco.
Sencillamente increíble.
Cenamos en el Join, donde conocemos a unos chilenos y hablamos largo y tendido con ellos.
Amanece un nuevo día
Diana. Me he levantado un poco griposo.
Llegamos a Delhi, dejamos las mochilas en consigna y vamos hasta Main Bazar, que es un caos (levantada por las obras).
Tumba de Humayun
A la derecha nada más entrar, está la tumba de Isa Khan, en planta octogonal y con bellas pérgolas en el tejado. Es arquitectura lodi.
La tumba de Humayun está enfrente. En arenisca roja, es muy parecida al Taj Mahal, ya que el arquitecto fue el mismo.
Dentro hay muchas sepulturas, algunas sin nombre. En el exterior también hay alguna.

7/04 — Amritsar
Estamos en la provincia de Punjab, tierra de sijs.
Golden Temple
A este templo, el lugar más sagrado para los sijs, hay que entrar descalzo y con la cabeza cubierta.
Bajando unas escaleras se llega al estanque, que rodea el templo de oro (todo él cubierto de láminas de este precioso metal).
En todo el recinto se respira mucha tranquilidad y eso que no dejan de entrar y salir peregrinos. Hay “soldados” vestidos de azul con largas lanzas y cuidadas y sueltas barbas.
Al templo se accede por un puente de mármol, “el puente de los gurús”. Dentro hay sijs entonando las oraciones que se escuchan en todo el recinto, rodeados de otros muchos sentados y los devotos pasando y ofrendando dinero (que dos de ellos amontonan con una enorme espada. Rodeando el pequeño santo santorum.
Había incluso alguno que bebía el mismo agua, donde peces y cormoranes jugaban al gato a al ratón. A la salida del puente te dan prasat (alimento bendecido).
Los sijs, tienen cinco k “principios”.
no cortarse el pelo nunca
peine para arreglarse el pelo
brazalete
puñal
calzón de algodón
Son gente amable, aunque a primera vista parecen distantes, cuando entras en su vida son muy cercanos.
Un nuevo dia, diana.
Templo Dorado
Se acerca un sij y nos invita a acompañarle; entramos los tres en un pequeño comedor, en él sentados alrededor y en silencio, comen muchas personas (todos hombres). Estamos asistiendo al “langar”. Nos sentamos junto a ellos y nos dan un cuenco y un vaso (ambos de metal). Después nos llena el vaso con chai (muy rico y azucarado) y pone en el cuenco una rebanada de pan de molde tostada.
Allí sentados, conversando (en realidad escuchando más que hablando) con el sij, mientras los demás atentos nos miran, sin dejar de comer. Nos cuenta como en un templo sij, todos son bienvenidos, sean del credo que sean. Uno de los pilares de los sij y punto de disputa por el que se separaron del hinduismo hace tantos siglos fue ese, no creían en el sistema de castas hindú; por eso son tan hospitalarios. Nos dice que el comedor atiende a más de 40.000 personas diariamente y que han sido perseguidos por todos los gobiernos de India (incluido el de Indira Gandhi). El hombre es muy amable y disculpa nuestro escaso y pobre inglés.
Han sido unos momentos muy especiales, donde hemos sido acogidos como iguales, como hermanos.
Por la tarde, salimos hacia Atari que está a 30 km (escasos), para asistir a la bajada de bandera en la frontera con Pakistan. El acto en sí no tiene nada, salvo los zapatazos y alaridos que se hacen desde ambos lados de la línea. El espectáculo está en las gradas, donde toda la gente (que somos muchos), participa cantando y aplaudiendo, gritando y levantándose al son de un maestro de ceremonias que no tiene desperdicio.
En la parte de Pakistan, vemos las gradas medio vacías; con todo y con eso, también gritan lo suyo.
Salimos, hacia Haridwar en el tren.
Esta ciudad es un caos, calles cerradas y gente dando vueltas por todos lados. Sin pararnos, a penas, salimos hacia Rishikesh en bus local (hasta los topes).

9/04 — Rishikesh
Un “vikram” (rickhaw compartido), nos deja en el segundo puente. A partir de aquí una locura de callejuelas, rampas, escaleras y más escaleras, tenderetes y templos hasta llegar al estrecho puente colgante de metal.
A todo esto hay que añadir que Rishikesh, (que es ciudad santa), por la cercanía con Haridwar y el Kumba Mela de este año, es lugar de visita obligada. Por lo que también los hindús son turistas, sumándose a los ya muchos turistas occidentales.
En el Ram Jhulla (el puente de abajo), visitamos los ghats, donde metemos los pies en el Ganga (que viene helado) y hacemos unas fotos a los valientes que se están bañando, en este caluroso día. El rio viene muy limpio y trae mucha fuerza. El Ganga a su paso por Rishikesh es famoso por sus rápidos y por eso tanto negocio de rafting.
Los accesos a los puentes son un espectáculo, de luz y color por las ropas de la gente y de sonido por los puestos que te venden música sacra y por los templos con sus oraciones a todo volumen. El olor del incienso se mezcla con el dulce de los puestos callejeros.
Nos encontramos con Natalia, después de dos meses. El mundo es un pañuelo, India también.
El Ganga divide el pueblo en dos y estos puentes son utilizados únicamente por personas, motos y bicis; los coches tienen que dar un buen rodeo por la montaña, para llegar a esta parte del pueblo, donde están los templos más importantes y visitados “los que parecen tartas de boda”).
Mañana saldremos hacia Haridwar, para ver los restos del Kumba Mhela.
10/04 –- Haridwar
Nada más llegar nos encontramos con el desfile de carrozas de los sadus. Es todo un espectáculo, aunque bastante falso (eso nos parece). Una banda de músicos (cada carroza tiene la suya) abre la comitiva; detrás van unos danzarines que llevan unas espadas larguísimas, con una protección para la mano (que golpean contra el suelo, levantando chispas). Detrás, la carroza (tirada por caballos o por un tractor). Todo custodiado por mucha policía (bien armada) y por multitud de devotos peregrinos que van orando al paso de cada una de estas carrozas.
Rios y ríos de gente, que se mueve en todas las direcciones. Sadus con sus coloridos atuendos y miles (por no decir más) de peregrinos que vienen hasta esta ciudad a bañarse en sus aguas. Vienen en grupos y en familia (pero no se ven menores). Todos quieren bañarse en el ghat de Har Ki Pairi (la pisada de dios); se dice que Visnú dejó impresa la huella de su pie.
Los campamentos se ven docenas por todas partes, con cientos de tiendas y tenderetes, aseos, duchas y comedores; kilómetros y kilómetros de corredores para mover a los millones de personas que han pasado por aquí este año.
Seguimos y llegamos hasta los ghats (donde se bañan y lavan sus ropas). De camino vemos alguno de los sadus que van totalmente desnudos (cubiertos por ceniza únicamente). También hay mucho “cantamañanas”, falsos sadus que parecen más salidos de un video-clip de Alice Cooper. Los que son auténticos son muy llamativos con sus largas trenzas, barbas descuidadas y sus largos tridentes.
Cogemos el tren a Delhi; la estación es la más llena que hemos visto en India.

11/04 — Delhi
Decir Delhi, a estas alturas del viaje, es decir compras y regalos.
Toda Delhi y sobre todo Main Bazar está en obras (calle y negocios), por lo que andar se convierte, un poco en tortura. Mucho polvo.
Salimos para España de noche, (igual que llegamos).

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