diarios de enero

12/01 –
Comienza el viaje
En tres días hacemos:
Aeropuerto Costa Brava, Girona
Londres
Aeropuerto de Gatwick, aeropuerto de Heathrow, Terminal 4
El Heathrow Lodge Hotel, pequeño pero con mucho encanto.

13/01
Nos levantamos a las cuatro. Esta noche ha nevado y ahora cae algún copo por la carretera, carretera que cruza un zorro tranquilamente. Heathrow es gigante.
Después de dos horas de estar sentados en el avión nos hacen bajar y recoger el equipaje. Cambiamos el billete para mañana a la misma hora pero esta vez vía Amsterdam, quizá el tiempo esté mejor que en Francia. Decidimos quedarnos y buscar un rincón donde pasar la noche.
Aquí seguimos, más aburridos que una mona, en un banco más duro que una piedra.

14/1
Por fin despegamos de Londres. Que pesado se ha hecho este día.
Llegamos al aeropuerto de Schiphol, Amsterdam.

15/01 — Delhi
Salimos del aeropuerto en una furgoneta pequeña y destartalada, y después de una hora, nos deja en un callejón oscuro donde está el hotel.
Por la mañana la niebla persiste. Hay muchos halcones y cuervos.
En las calles de Delhi disfrutar de un paseo en rickhaw o entre la gente y ver los bazares no tiene precio.

Igual de curioso resulta ver a las vacas por mitad de la calle. Niños, mujeres con bebes, mendigos, santones, tullidos, todos piden limosna.

Mucha gente parece desocupada, aunque seguro que tienen su cometido dentro de este ordenado caos.

16/01
Visitamos Lal Qila y el Red Fort, que es grandísimo. Unos chicos nos piden una foto, todos nos miran.



A la salida vamos dando un paseo entre los puestos del mercadillo local y vemos el Lakhmi Narayan, otro palacio. Vamos hacia la mayor mezquita de Delhi, la Jama Masjid.

17/1
Ya en el tren, va amaneciendo y se ven chabolas y vertederos pegados a la vía del tren. Los cuervos calientan sus plumas colgados de las catenarias de la luz, parece que seguimos por los arrabales de Delhi. A lo largo de la mañana se ve a los paisanos como hacen sus primeras y más sentadas necesidades.
Es curioso cómo se aprovechan los recursos. Hay secaderos de excrementos de vaca por todas partes; las aplastan como si fuera una torta y las colocan para que se sequen, suponemos que sirven de combustible.
Agra no queda lejos

17/01 — Agra
La salida de la estación es caótica.
Lo primero que hacemos es subir a la terraza para ver el Taj Mahal, pero la niebla no deja ver nada.
Las callejuelas son retorcidas y complicadas y no es difícil desorientarse.

Las calles están muy húmedas y llenas de charcos con el agua más turbia imaginada, muchas cacas de vaca, de perro y basura.
Que decepción nos hemos llevado, pensábamos que iluminarían por la noche el Taj Mahal; con las ganas que tenía la nena de verlo.

18/01

Arranca nuestro circuito en el Fort Agra, una descomunal fortaleza de arenisca roja de origen mongol.


En uno de los pabellones pasó sus últimos años Sha Yahan, viendo la tumba de su amada al otro lado del rio.

En las orillas del Yamuna las gentes se afanan en las tareas del tinte de tejidos, dejando secar al sol extendidas telas de colores chillones.
Otro palacio es el Chini Ka Rauza, de estilo iraní, los frescos del interior están pintados con una base de pigmentos naturales y azúcar (Chini).

Ahora nos dirigimos hacia Mehtad Bagh, unos jardines que están cerca del rio al otro lado del Taj Mahal, con unas vistas del mausoleo impactantes. Al otro lado de la alambrada unos niños cuidan unas cabras.

Volvemos al hotel, comemos thai y conocemos a unos españoles que nos recomiendan el pakora.
Hace frio además de humedad.

19/01
Camino a Jaipur hace frio y no levanta la niebla.

19/01 — Entramos en Rajastan
Jaipur te da la bienvenida con palacios abandonados de una belleza de siglos pasados venida a menos. Muchas son las cometas que enredadas en los altos árboles se mecen con la fina brisa, y muchos también los que mendigan en sus calles.

20/01 — Jaipur
Entrar en la Ciudad Rosa es hacerlo en un cuadro con una paleta de colores donde priman los pasteles.

Dentro de la vieja muralla, las torres de vigilancia acogen a cientos de macacos Rhesu y de semnopitecos, más grandes.
Entre puestos de verdura y otras mercancías se encuentra el imponente Hawa Majal

o Palacio de los Vientos; edificio con una fachada rosa de donde cuelgan unos vistosos balcones. Abajo en la acera, un encantador de serpientes hace bailar a dos cobras.

City Palace, un conjunto de palacios y salones donde la opulencia de los maharajás, choca con la realidad de la calle.
Cenotafios Reales de Gaitor

Water Palace
y templos, consumen nuestro tiempo en estas calurosas horas.
Mención aparte merece el fuerte Amber,




a las afueras de Jaipur. Este palacio-fortaleza es de piedra rosada al igual que las murallas que lo protegen. Tiene unos balcones que serían sueño y pesadilla de cualquier arquitecto moderno.

21/01

Llegamos al Chand Baori


un aljibe precioso, que posee unas escaleras que hipnotizan y recuerdan mucho a los dibujos de Herchell, el maestro de realidades imposibles.

Visitamos Galta


el templo de los monos, donde mujeres, niños y santones se bañan en sus aguas.
El baño que consiste en echarse agua por encima con una jarra.

Jaipur es ciudad de contrastes donde rickhaws y vacas comparten espacio. Muchos oficios de desarrollan en la acera
y la contaminación no distingue ricos o pobres. Pero tampoco falta la sonrisa de un niño.

22/01 — Sawai Madhopur

Rathambhore National Park, está a pocos km del pueblo y lo hacemos en un camioncillo sin capota.
Hay monos, sambar ramoneando,

pájaros de muchas especies

jabalíes, alguna garza, palmípedas y tomando el sol un pequeño cocodrilo.
La vegetación es más bien escasa.
Todos vamos sobresaltados mirando a derecha e izquierda con la ilusión de ver al señor del parque.
De repente, el chillido de un animal promete emoción y unos metros más allá, en la orilla opuesta, un buen ejemplar de tigre hace su aparición.
Qué suerte la nuestra, poder ver a este fantástico animal en su hábitat.

23/01
La estación es un crisol de personas y animales que interactúan con pasmosa naturalidad. Nosotros, antes de coger el tren, tomamos el sol mirando a los jabalíes que andan por todas partes.
Bundi
Bundi es más acogedor. La mendicidad de otras ciudades, aquí se haya ausente y el que la gente no sea tan insistente se agradece. Nos alojamos en un haveli. Una casa antigua con cierto encanto.

24/01 — Bundi

Desayunamos, distraídos con los juegos de unos macacos en un árbol cercano, mientras el gerente del hotel cumple con su rito diario frente al altar de un pequeño templo.
Los paseos por la ciudad y el mercado desatan los sentidos.
El Garh Palace saluda,

al visitante, con dos elefantes por encima de unas enormes puertas de madera con remaches de afilado hierro puntiagudo. Al entrar, debajo de un alero hay un gran panal de laboriosas abejas. Al lado el Chitrashala con su bonito jardín adornado con un lingan (figura en piedra del atributo masculino).
El fuerte Tara Garh

domina la ciudad y acoge multitud de macacos y seguramente miles de murciélagos.
El templo Sukh Mahal, donde R. Kipling escribió su famosa novela Kim.

25/01
De camino a Pushkar, probamos unas samusas que pican muchísimo.
Dejamos atrás Ajmer.
Pushkar es una ciudad celosa de sus creencias y así lo advierten con carteles. Al poco de caer el sol, los comercios cierran y empiezan los cánticos en los templos.
Me han hecho la “puja”, imponiéndome el “bindi, (la marca en la frente).

26/01 — Pushkar
Visitamos el gath donde esparcieron las cenizas de Gandi.
Como no podemos ver templos, dedicamos la mañana a las tan ociosas compras por el siempre transitado bazar.
Unas hábiles mujeres, que andan detrás de los distraídos turistas me dibujan con hena una flor en la mano. La nena se escabulle, como solo sabe hacer ella.
Un café nos relaja el cuerpo y la vista se pierde en detalles que no se ven de otra manera; los muchos peregrinos que vienen con la familia a cumplir con sus ritos, pasan sin ninguna prisa hacia los gaths. El pueblo bulle de gentes de todas las clases sociales, y son muchas.
De camino por el bazar, una vaca nos invita a pasar al otro lado, dando un pequeño testarazo a una nena confiada.
Probamos el chikoo, una fruta parecida en forma y tamaño a un kiwi, pero de sabor a pera.
Las cenas por supuesto en el Surya, donde se comen las mejores tortas rellenas “falafel”, de la zona.
Nos despedimos de esta relajante ciudad, aún no es momento de detenerse.

27/01
Salimos hacia Jodhpur. En el bus venimos hablando con Matías, uno de los argentinos que conocimos ayer, muy distraídos hasta que ha subido una familia, la mujer, que venía de pie (ya iba lleno el bus), nos ha dado una cabrita. Matías se reía. Al poco nos dan un bebé envuelto en mil trapos. Durante todo el viaje hemos ido, la nena, la cabra, el bebé y yo en un asiento para dos. La cabra se ha cagado, el bebé me ha hecho pipi encima. Cuando han bajado han agradecido con un gesto nuestra pequeña ayuda. Aquello parecía un belén, solo faltaban, Melchor, Gaspar y Baltasar.
Ya en Jodhpur nos despedimos de Matías, un tío fenomenal.
Vamos al bazar donde los olores pululan en una mezcla, fuerte pero interesante y captas, limón, te, azafrán, cardamomo, sándalo, pachuli, samusas fritas, chikoo, granadas, miel.
El bazar es grande y rodea a la Torre del Reloj, muy bonita.

28/01 — Jodhpur

El Meherangarh es un fuerte imponente. Se accede a través de unas enormes puertas con agudas puntas, que están al final de un pasillo en ángulo recto. Nada más entrar, sorpresa, están rodando una película.

Desde la terraza se ve Jodhpur, Umaid Bhawan, palacio donde vive el maharajá actual y Jaswant Thada, un palacio de mármol blanco.

Conocemos a Vicky, un chaval estupendo que tiene un negocio de tortillas y sandwiches

y nos encontramos con Matías y un amigo.
Cogemos el billete de tren hasta Bikaner.
Después nos vamos al chill out del hotel y terminamos el día conversando los cuatro, Alberto, Yoli, la nena y yo.
Nos recomienda estar en una gran ciudad el 12 de febrero, el Sivaratri.
En el tren, clase sleeper, venimos hablando con Moti Lal y su mujer, de nuestra edad. Moti es un local simpático, agradable e ingenuo a partes iguales. Nos ha ofrecido su comida y su sonrisa.
Llegamos a Bikaner, con su fuerte y su bazar. Bikaner sólo es visitada para hacer safari por el desierto o para visitar el templo de Karni Mata.

29/01

El tren sale a la hora, fenomenal. Tenemos Sleeper Class, y aún nos cuesta algo encontrar el asiento. Venimos hablando con Moti Lal y su mujer, de nuestra edad. Llegamos a Bikaner.

30/01 — Bikaner
Karni Mata

Es pequeño en tamaño pero grande en sensaciones. A los dos segundos de estar allí ya eres consciente de los cientos de ratas que hay por todas partes. Sensación que se acentúa al pisar el frio mármol (con los pies desnudos)

y notas, como la comida, el agua y las heces se te van quedando pegadas en la planta de los pies.
En el templo de las ratas
(kavas, roedores sagrados), ellas, van y vienen por pasillos, agujeros y verjas. Se las ve bebiendo tranquilamente leche de unas palanganas de metal tranquilamente;

sin luchas ya que sobra la comida.

31/01
El Safari en camello lo hacemos con una holandesa y su madre.

Llegamos al campamento, destrozados de las posaderas, pero con la emoción de la caminata.

Encienden una pequeña hoguera y cantan unos músicos. Muy interesante.
La cena rica y abundante; después música, hoguera, luna llena y estrellas han hecho mágica la velada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s