diarios de marzo

Estado de Tamil Nadu.
2/03 — Kanyakumari
Estamos en el punto más austral de India,

el Cabo Comorín, un pequeño pueblo donde una estatua gigante, a la que llaman, la estatua de la libertad india

pone punto y final a la tierra firme.
En la playa, con la ropa de calle,
disfrutan de un momento de frescura.
Cerca está el Mathama Ghandi Memorial,
desde donde vemos una puesta de sol muy bonita.

Los locales aplauden y gritan desde una torre levantada para ver la puesta de sol.
Por la mañana salimos hacia Nagercoil, donde cogeremos el tren hacia Madurai.
Los campos están llenos de arrozales,

cocoteros y bananos, siendo el verde el color predominante. Y como pequeños oasis, hay charcas aquí y allá.
Llegamos a Madurai.
Por la noche tenemos una amistosa charla con otros viajeros del hotel, mientras vemos la hermosa luna salir entre los templos.
El siguiente día visitamos el templo de Sri Meenaskshi, la principal atracción de la ciudad.
La torre (gopuram), una de las nueve que hay en todo el templo, está decorada con más de dos mil figuras representando a dioses y demonios en colores tan intensos como llamativos. Las figuras son a tamaño real, por lo que el impacto visual es notorio y muy gratificante; el detalle de cada figura es asombroso.
El templo lo forman varios edificios dentro de un muro; en este muro es donde se levantan las gopuram de entrada, una por cada punto cardinal.
Una vez dentro, hay mucha agitación y los peregrinos pululan de un lado a otro, rezando y ofreciendo en cada esquina. Muchos se tumban en el suelo extendiendo brazos y piernas, muchos otros cruzando los brazos se tocan las orejas, murmuran sus oraciones y después hacen gestos con los brazos dando vueltas alrededor del venerado. Por megafonía una letanía se repite, una y otra y otra vez.
El frio suelo es de mármol y roca y está pintado con figuras geométricas de muchos colores. Los pilares que sujetan toda la estructura, están labrados con tallas de dragones y seres fantásticos, dioses y demonios y acaban en el techo, que está también profusamente decorado con idénticas escenas en colores vivos y brillantes.
El templo es un rosario de culturas y religiones pero hay rincones donde los extranjeros somos “non grattos”.
Dentro de una sala que llaman de los mil pilares, está el museo; pequeño y desorganizado almacén de tallas antiguas que domina una figura enorme de Meenakshi.
Fuera en la calle hay vendedores de todo tipo de cosas, incluso pelo natural.
Madurai nos ha gustado mucho y creemos que es muy recomendable.
A la mañana siguiente salimos hacia Tiruchirappalli llamada también Trichy. Comemos en un restaurante local thali.
Thali
El thali es un plato muy típico de los restaurantes VEG “vegetarianos”; de toda India.
En un trozo de hoja de banano, verde, bonita y fresca, sirven diferentes salsas; yogur, lentejas, algo con picante. Aparte cuatro porciones más de; remolacha, calabacín, patata y una especie de pisto. Después abundante arroz plain “blanco”. La manera de comer este plato es curiosa a la par que práctica, pues no requiere del uso de cubiertos; lo que hace muy extendida la práctica. Hay que ir mezclando, al gusto, los diferentes ingredientes con el arroz y después comerlo con los dedos, haciendo unas pequeñas bolas, que se llevan a la boca. Después uno, se lava las manos; hay siempre un lavabo para estos menesteres.
Nada más comer, a visitar la ciudad.
Empezamos por el Templo de Sriragam, el más alejado. Hace ya un calor horrible.
Este templo, dedicado a Visnu, tiene 21 gopuram, uno de ellos de 73 metros y se dice que es el templo más grande de toda India. Tiene siete murallas, concéntricas, a las que se accede por otros tantos gopurams. Los no hindis tenemos prohibida la entrada en el séptimo templo, donde está su figura más oculta y venerada, cubierta de oro.
El templo está lleno de peregrinos durmiendo por todas partes (esperando a que se abran las puertas de los santuarios, ya que hay unas horas a mediodía en que cierran para todos). Hay familias completas y algunos tienen la cabeza afeitada y llena de polvos de colores, (ya que ellos mismos se ponen los bindis y los tikas, cada vez que oran en algún altar). Hay otros rezando, leyendo en alto, poniendo velas; en fin, el templo, está bastante concurrido.
De allí vamos al templo de Sri Jambukeshwara. Este es más tranquilo y casi no hay nadie. Tiene dos santuarios principales, uno de Shiva y otro de Parvati (que es esposa de Shiva y guarda de las artes y la música). Tiene unos carros enormes en la entrada.
Hay alteres hasta en las paredes. Los mendigos y pobres pidiendo en los alrededores de los templos.
Por último, llegamos a Rock Fort. Un templo, al que se llega atravesando otro templo y muchos escalones, que está en lo alto (73 metros) de una roca enorme. Las vistas que hay desde arriba son muy hermosas.
Trichy, nos ha gustado mucho, sobre todo su “heritage”, pero cuando has visto el Meenakshi de Madurai…
6/03 — Thanjavur
Nos vamos a hacer las visitas de rigor.
Templo-fuerte de Brihadishwara, del 1010. Con 250 lingan repartidos por los muros interiores, un Nandi (figura de cebú sagrado) de bronce de 25 toneladas. La entrada es muy bonita, en color tierra.
Palacio Real. Dentro, la sala de audiencias del rajá, aunque está descolorida, sin restaurar y hecha un auténtico palomar, es interesante de ver y habla de un pasado mejor. Sus coloridas columnas y los dibujos en paredes y techos; de acróbatas, dioses y animales son muy finos y diferentes al resto de la zona.
Vemos uno de los museos que tiene el palacio; no es más que un pequeño almacén de cachivaches polvorientos.
En el patio contiguo, un mangostán regalaba sombra y alguno de sus grandes frutos va madurando ya al sol.
Tranjavur es un lugar de paso, donde relajar cuerpo con los servicios de una gran ciudad. Varias estaciones de transporte, restaurantes para todo tipo de paladar y mucha oferta hotelera; aunque hayan hinchado los precios en los últimos años,
En cuanto al “heritage”, un buen tirón de orejas merece, el que teniendo obligación, que por estar en UNESCO se tiene de conservar todo mucho y bien, hace caso omiso y deja en el olvido y total abandono esta parte de la historia india. No ha lugar a disculpas, creiques ni penseques.

7/03 — Pondicherry
Llegamos a esta ciudad de estilo colonial francés. Es curioso ver los nombres de las calles en las esquinas de las calles; es la primera vez que lo vemos en toda India.
Nos hospedamos en un ashram.

Ashram
Comunidad religiosa que busca, con el esfuerzo, la superación personal. En el que estamos, se está tranquilo, ya que es un hotel familiar.
Diana. Visitamos un poco la ciudad y salimos ya hacia Mamallapuram, el bus lleno, hace mucho calor.
Por el camino se ven arrozales y muchas casitas hechas de palma. Antes de llegar al destino, unas salinas enormes.
8/03 — Mamallapuram
Llegamos a la estación de este pequeño pueblecito bañado por las aguas del Golfo de Bengala. Al estilo Fortkochin, descanso y comer pescadito.
De ahí a ver el mar, que tiene barcas en la playa, pescadores en la arena arreglando redes y niños empezando a salir solos ganarse el arroz en unas barquitas con sólo tres troncos, que más bien parecen balsas de náufrago (sólo que tienen la proa un poco levantada para encarar mejor el fuerte oleaje).
Al día siguiente alquilamos una moto para ver los templos.
Five Rathas. Un complejo pequeño, que alberga cinco templos pequeños y estatuas; fueron descubiertas bajo muchas toneladas de arena.

Templos de la colina:
Krihna Mandapan, Penitence Arjuna, Cueva de Varaha, Ganesh Ratha, Butter Ball of Krishna (la famosa bola), una roca enorme que parece que se cayera. Templo-cueva de Trimurtri, Kotikal Mandapan y el estanque Kanheri, donde unos locales calmaban el calor. Todos estos templos, son patrimonio de la UNESCO, y hay algunos están sin concluir. Los templos que son patrimonio, ya no se usan por los shadus.
Muy cerca tienen los talleres los escultores locales.
Hay varias clases de piedra y el orden en que aprenden a tallarla los aprendices va desde la saponaria, más blanda, hasta el granito Negro, lo más duro y especializado en la vida artística del tallador.
Los artesanos de Mamallapuram son reconocidos internacionalmente y las figuras de muchos templos del mundo son manufacturas de este pequeño pueblo.
El Shore Temple.
De ahí, a hora y media de viaje, al pueblo de Tirukkazukundram, donde hay un templo al estilo de Madurai, pero de menor valor artístico.
Vemos el Tiger Temple, un reducto de paz con dos pequeños templos.

Ya por la mañana, nos dedicamos a la mundana tarea de vestir sol en la playa. Qué gozada.
En la playa, los pescadores locales, tiraban y recogían redes, una y otra vez. Había mucha animación y algarabía cuando sacaban la red del agua.

Nuestra pesca personal.

11/03 — Chennai
El bus nos deja a 12 km de Egmore.
Entramos a comer en un restaurante VEG, pedimos thali Chennai para mi, con más de 14 salsas diferentes (a cual más picante) y la nena pide noodels y papad roasted.
Diana, se nos han pegado las sábanas.
El fuerte es inmenso y aún se utiliza como base y oficinas para temas del ejército (ahora hindú); por lo que muchas zonas son restringidas.
Probamos los medu vadai, una especie de pastel de patata y por lo general picante (ya que suele traer de sorpresa algún trozo de guindilla). Pero está muy rico.
Esta estación de tren, como tantas otras, es un hervidero de gentes moviéndose en todas direcciones; también es terminal, por lo que se multiplican las visitas.
Vamos hacia el vagón, donde están nuestros nombres en una lista que ponen (con cola y cepillo, a lo campaña electoral) en la entrada al vagón. Instalados ya, esperamos a que salga. El tren lleva parado en la vía más de una hora, y poco a poco se va llenando. Salimos en hora.
Después de pasar el revisor se van apagando las luces y el tren duerme, poco a poco.

Ya estamos en la provincia de Orissa.
Orissa se ve muy despoblada, quizá sea esa la razón por la que casi no va nadie en el tren. Hay casitas con el techo de palma y pocas son de obra. Las plantaciones, sobre todo de arroz, algo de caña de azúcar y mucho árbol; poco cocotero.
También vamos ya viendo muchos afectados de polio, y algunos en un estado verdaderamente lamentable.
Se ven también montículos aislados de buena altura algunos, aquí y allá, formando a veces pequeñas sierras, de poco km de largo.
Es el primer día, desde que estamos en India, que está totalmente nublado el cielo.
13/03 – Bhubaneswar
Llegamos en hora.
Al día siguiente cogemos un rickhaw hacia el templo de Lingarat Mandi, (el más importante de la ciudad). Consagrado al señor de los tres mundos “Tribhubaneswar”, al que no podemos entrar, pero si ver desde una plataforma que hay.
Al lado hay un estanque, donde cada uno se entretiene como puede.
Ya en la estación, la peor de las muchas que hemos tenido ocasión de utilizar; llena de charcos con olores de otro tiempo y unos baches de difícil descripción. Salimos ya.
Ya estamos en Puri. El hotel está muy cerca de la playa.
Salimos a comer y encontramos un grupo de españoles.
Damos una vuelta por la calle principal y nos enteramos que en Puri, la mahihuena “bang” y el opio son legales y las tiendas que lo venden son del gobierno; esto es India.
La playa, que está muy sucia, llena de petróleo y aceites de los motores de las barcas de pesca que están en sus arenas; te dejan el cuerpo negro. Una pena
La playa es parecida a Mamallapuran “en lo de las barcas y pescadores con las artes en la arena”, pero casi no hay olas.
Cenamos en el Bamboo, en la calle principal. La compartimos con un perro cojo y un gatito negro muy simpático; se llevaban muy bien.
Otro día más, diana.
Salimos hacia el templo principal. Vamos por la avenida de la playa, hace un calor terrible, pero la humedad es aún peor.
Al final de la playa nos hacemos una foto con un socorrista muy majo que se brinda con una sonrisa. En su puntiagudo gorrillo de palma tejida, pintada de blanco, se puede leer “Life Guard”.
El tempo de Jagannath Mandir está dedicado a Jagannath (señor del universo) encarnación de Visnú. Dios negro de grandes ojos blancos muy venerado en toda Orissa. No podemos entrar, pero como pasó en Bhubaneswar, se puede ver desde una terraza anexa; en este caso, la terraza de una vieja (pero encantadora) librería “Raghunandan” que hay al lado. Por un donativo, hay que dejar el nombre, país y cantidad donada, que apunta en un libro guardado bajo llave, un hombrecillo (el librero) nos muestra la entrada a una escalera de madera que lleva a una terraza en el piso superior, desde donde se ven a los seguidores del dios negro, hacer sus labores. La librería es muy bonita, vieja pero encantadora; tiene unos anaqueles llenos de libros polvorientos, cuatro mesas y unos ventanales con los vidrios en un vivo color verde, que le dan un poco de luz. Había un hombre mayor que estaba copiando un texto antiguo.
Cuentan que la cocina del templo es la más grande del mundo y que sus 400 cocineros dan de comer a más de 600 0 hombres, que son los que cuidan el templo y se encargan de las liturgias y ritos que requiere Jagannath.
El templo, uno de los más visitados en India, está coronado con una bandera y la rueda, símbolo de Visnú. Por cierto, ayer en Bhubaneswar vimos como unos artesanos hacían las ruedas, eran enormes, del próximo Rhata Yatra (el festival de las carrozas gigantes. Las carrozas las hacen cada año nuevas, cuando termina el festival, su madera sirve para alimentar la enorme cocina del templo. El festival es en Junio o Julio, según la luna.
La zona del templo es una increíble y constante vorágine de gentes entrando y saliendo, yendo y viniendo de todas partes. Shadus y peregrinos se mezclan con vendedores, algún turista “suponemos, ya que no vemos a ninguno”, mendigos, lisiados, leprosos, vacas, perros y el poco tráfico que hay, amén de los trabajadores que adecentan un poco la calzada. Calzada llena de agua, líquidos que mejor no saber que son, orines, escupitajos, heces y toda clase de porquerías, papeles, pásticos, ramas, hojas y ofrendas; “coco, plátano, ramilletes de flores, arroz”.
Conocemos a Lidia y a Mónica, dos gallegas que se van a conocer una escuela que han levantado unos gallegos muy cerca. Volvemos al hotel.
18/03 – Calcuta (Kolkata)
Hace calor en esta gran ciudad, la segunda de India con 14 millones de habitantes. Aquí aún hay rickhaw-wallas; transporte de tracción humana; casi todos van descalzos.
Al día siguiente vamos al templo de Kali, el lugar más sagrado de Calcuta. Vemos a la diosa, una cabeza negra de piedra con grandes ojos y sangre por todas partes (sin llegar a ser desagradable); una suerte pues no suelen dejar entrar a los no hindúes en estos templos. En la parte de atrás aún se hacen sacrificios de cabras, Kali es insaciable.
Victoria Memorial. Una mole blanca, en honor a la reina inglesa con una gran cúpula.
El Jardín Botánico, donde está la famosa higuera:
Bannian Tree
Es una variedad de higuera de Bengala que no tiene tronco central; se sustentan con sus grandes raíces, hasta 600. Es precioso y muy curioso de observar. Se cree que tiene más de doscientos años.
De vuelta a Sudder, conocemos a Gloria, una simpática madrileña que viene de Katmandu.
Por la tarde al Planetario Birla, con Lidia, donde vemos la sesión en lengua bengalí. Es muy austero, pero nos ha gustado mucho (es mi primer planetario y eso pesa).
Un día más.
Salimos hacia el puente de Howard, el más transitado del mundo, y al cercano y colorido mercado de flores.
Llegamos al Marble Palace; el museo parece salido de la mente de algún director de terror, pero a la nena le ha encantado. Con viejos mármoles y todo a oscuras, es muy lúgubre.
Al día siguiente vamos al Museo Indio.
Sin duda es una visita recomendada (para los que nos gustan esta clase de museos).
Terminamos en el Fairlaw Hotel, otro lugar de reunión de españoles. Allí conocemos a María, una chica que viaja también a Darjeeling.
El tren sale en hora.
Calcuta ha sido todo un descubrimiento, y no queríamos parar. Lo que vemos, sus calles, no son tan desastrosas como en un principio pensábamos; aunque cerca de las misiones la gente muere en ellas. Nos quedamos con la imagen de una Calcuta viva y llena de esperanza y con las ganas de mucha gente en que esto mejore día a día.
La calle Sudder, donde nos hemos hospedados, es un crisol de gentes; guiris, voluntarios, locales, comerciantes, taxistas, mendigos, niños de la calle, lisiados y visitantes compartiendo espacio. Emocionante.
Mencionar también el Café Raj, escondido en un callejón de Sudder es un lugar donde hacer amigos y charlar en la compañía de compatriotas. El gerente, Ras, es un buen tipo y no duda en echarte una mano a la menor ocasión.
22/03 — Darjeeling
Llegamos a este bonito pueblo de montaña, a 2134 metros de altitud, desde la estación de tren de New Jalpaiguri, a tres horas. La carretera es dura, pero compensan las vistas. Rodeado de té y altos árboles. Conocido por las vistas de la montaña más alta del mundo, el Everest.
Probamos la cocina tibetana, famosa por sus sopas; probamos el thenthuk de vegetales, buenísima.
Mañana seré un año más viejo.
Visitamos el monasterio budista de Bhutia Busty Gompa, donde un monje muy simpático nos explica, en inglés, el funcionamiento del monasterio y lo que representa cada objeto que en él hay.
Dejamos el pueblo y bajamos por la carretera, disfrutando de las vistas, campos y campos de té.
Diana. Se van las montañas de la derecha, pero el Everest sigue negándome su cima.
Vamos hasta Ghom, donde está el Yiga Choling Gompa. Es muy colorido y como todos los demás tiene banderitas y ruedas de oración.
Volvemos al pueblo dando un relajante paseo. El Train Toy, un trenecito a vapor turístico nos sale al encuentro y desaparece entre los cedros cuesta arriba, con esfuerzo.
Después y probamos la cocina de una abuelita que tiene un restaurante muy acogedor a la par que pequeño. Mientras comemos ella nos observa; la curiosidad no sabe de edades.
Este pueblecito, tiene algo especial. Su mercado, tan bullicioso a cualquier hora, guarda más de una sorpresa; como la imagen del monje en su salida diaria. Los monjes no pueden pedir limosna, ni comida; en vez de eso se quedan quietos con un pote de metal en la mano y esperan a que la gente caritativa lo vaya llenando. Todo esto antes del mediodía, que es la segunda comida de ellos. Después no pueden comer sólido. La primera comida la hacen a las cuatro o cinco de la mañana, después a recitar sus mantras. Los porteadores, esperando con una cuerda en la mano, también son curiosa especie.
María, de Badalona, es una chica estupenda y estos días han sido muy provechosos a nivel espiritual y también corpóreo.
Ultimo día. Madrugón esperando ver un cielo despejado, pero no, hoy tampoco será. La niebla es la reina de la montaña y a veces es caprichosa.
Salimos en TT hacia Siliguri. El camino está lleno de coníferas, alguna de gran altura. Son tierras de helechos y arboles espinosos y el bambú crece a placer por todas partes. Pero la reina de estas alturas es el té.
Llegamos a Siliguri, pueblo de paso, bien conocido por viajeros que van al norte. La estación está llena de niños sin techo. EL tren sale en hora.
Hay mucha plantación de aloe vera.
Entramos en la provincia de Bihar.
26/03 — Patna
Con tres horas de retraso, llegamos a Patna. Coger asiento en esta clase, la 2S, es una odisea. Mucho antes de que el tren se detenga, hay insensatos que se montan en marcha, otros cruzan la vía para tomar el tren por el otro lado, menos concurrido. Meten por las ventanillas, periódicos, botellas, bolsas, toallas y todo tipo de objetos que les valga para reservar sitio (nosotros tiramos una botella de plástico y funcionó. La imagen amable, unos pajarillos criando en una caja de empalmes.
Es la primera vez que vemos en el techo del tren gente subida y en las puertas la gente va, literalmente, colgada. También se ven bicicletas amarradas de las ventanas del tren. Curioso para nosotros y muy peligroso para ellos.
El pasillo es el lugar de trabajo de vendedores de chai, agua, chuches, verduras, pepinos, melón confitado, periódicos, cremalleras, limpiabotas, relojes, garbanzos, bolsas de naranjas, samusas, calendarios, cacahuetes. Hay que imaginar cómo está el suelo del vagón, todo lo que sobra va al suelo.
Enfrente de nosotros viaja una parejita joven con su bebé. Lleva pintados de negro los ojos y el rabillo, al estilo Cleopatra.
Hace un calor horrible, más de 30 grados y cada vez que el tren se detiene, el calor entra por las abiertas ventanillas y lo abrasa todo a su paso. Pasa un vendedor con libritos para niño y cogemos uno, está en inglés y el dialecto local.
Esto tarda mucho, parece que va a ser un día de retrasos y paradas. Otra vez estamos parados,
Bajamos una estación antes de Gaya, como nos han indicado. Cogemos un tempo (rickshaw, un poco más grande, compartido) hasta Bodh Gaya, a 12 km.
Bodh Gaya
Un niño se ofrece a acompañarnos al templo budista más importante del pueblo y seguramente uno de los más sagrados del budismo en el mundo entero, el Mahabodhi.
Aquí, Sidharta, debajo de una higuera religiosa, (bodh) alcanzó la iluminación, convirtiéndose en Buda.
Lleno de monjes y visitantes de todos los países (hemos visto mucho occidental haciendo sus oraciones). Las hacen de muchas maneras, pues también son muchas las ramas del budismo. Unos sentados, repitiendo sin parar los sagrados mantras, otros en una tabla en el suelo, se arrodillan y se levantan una y otra vez.
El templo es precioso, con una gran estupa, que se ve desde casi cualquier punto del pueblo. Los jardines cuidados y limpios. La entrada es gratuita y sólo hay que dejar un donativo por el calzado. A lo largo del patio, una cadena de ruedas de oración; que los budistas hacen girar sin parar de andar.
Al otro lado de la entrada está el bodi tree, el objeto de devoción por antonomasia. Este árbol es inmenso y tiene unos doscientos años. No es el original, ya que lo cortaron durante unas guerras, pero un esqueje fue salvado y reproducido en un templo de Ceilán; este es descendiente de aquel bodh.
En todo el recinto hay estelas donde cuentan obra y vida del gran maestro oriental. Y hay un estanque lleno de peces gato haciendo las delicias de devotos locales y foranios.
El recinto rezuma espiritualidad, incluso hay gente metida en pequeñas tiendas-mosquiteras, orando, sentadas en el jardín.
Diana. Hemos dormido muy bien.
Cogemos un rickhaw-bici hasta el templo más alejado.
Gran Estatua de Lord Buda
Es una estatua enorme de Buda sentado, muy bonita (a la nena le ha gustado mucho), en color gris. A los lados, estatuas más pequeñas de sus discípulos más importantes (cada uno está en una posición de manos diferente y cada una tiene su nombre; las placas en inglés y en lengua de símbolos (japonés, chino, coreano).
De ahí, al cercano, Indosan Nipponji, templo de estilo japonés. Muy bonito, con un Buda enorme en medio de la estancia y las paredes decoradas con dibujos de Buda en diferentes estados de meditación. En los techos la rueda, símbolo de eternidad.
Bodh Gaya es un pueblo donde únicamente se mantiene limpios, los templos; lo demás, sin mantenimiento alguno, se cae a trozos. Todo está sucio y lleno de basura y la mitad de las calles sin asfaltar; pero sin duda Bodh Gaya bien merece un alto en el camino.

28/03 — Varanassi
El gerente, del hotel donde nos hospedamos, nos lleva por laberínticas y estrechas callejuelas hasta el más cercano, el ghat Shivala. Cerca de éste está el único incinerador eléctrico; “meni chip” dice.
Ghat
Significa literalmente, escalera.
Mientras me duchaba, el agua caía por mi cuerpo con olor y color a ceniza; pensaba en lo que hemos visto hoy.
Manikarnika Ghat
Quizá sea el más importante de India, por no decir del mundo entero; ya que todos los hindús desean ser incinerados aquí, por lo que vienen a esta ciudad santa, antes de morir. Hay cremaciones las veinticuatro horas; se pueden ver pero está más que prohibido hacer fotos.
Aparecen los “doms”, una de las castas de los intocables, encargados de traer al finado, a hombros hasta el mismo Ganga, (Ganges). El cadáver va cubierto por varias capas; la primera es una tela térmica (color dorado para ellos y amarillo para las mujeres), engalanado con collares de flores y coronas que cuelgan de la camilla.
Lo sumergen en el Ganga un instante y lo llevan a la cola, junto con otros, que ya esperan turno.
La pira se va preparando con los troncos de madera que traen desde los almacenes de madera de más arriba. La madera vale en función de su calidad; la de sándalo, más cara, cuesta 700 rupees el kg, mientras que la otra sale por la mitad. El peso exacto de ella se calcula en unas balanzas enormes.
Colocan el cadáver, al que han despojado de todos los adornos, dejándole únicamente la blanca mortaja, lo cubren de madera hasta conseguir una altura de un metro.
Una vez hecho esto, el brahmán, (la casta más alta de todas) da las instrucciones al encargado de encender el fuego (que puede ser un familiar). Después de dar cinco vueltas alrededor del cadáver, con una tea de paja humeante, la paja es introducida debajo de la pira, por la parte de la cabeza. El fuego empieza a arder, ayudado por unos polvos que le echan. Ahora ya no hay más que humo y fuego. Desde donde estamos mirando, el humo se siente, se huele y las cenizas te rozan la piel.
La ceremonia en total dura unas tres horas, pero a la hora, el cuerpo se empieza a ver entre los maderos; cabeza, pies.
El cuerpo, ennegrecido, queda roto al ser golpeado con un enorme bambú, se juntan las brasas y se colocan los restos encima, para la cremación total. Transcurrido el tiempo, huesos, tronco y partes sin consumir son recogidos y llevados en barca de remos a mitad del Ganga; una vez allí los echan al agua.
En el ghat, no hay solamente una pira funeraria, vemos hasta siete a la vez, más todos los que esperan turno.
En el agua, a poca distancia del lugar donde acaban ascuas y restos del difunto hay gente cribando cenizas aun humeantes con cedazos de metal. Removiendo el fondo en una danza casi macabra, lo obtenido se aporta a una causa común y es utilizado en la compra de madera, para los más necesitados.
Todo esto es observado por los pacientes sadus, que ven en este fuego el futuro más deseado, por los insaciables ganchos del crematorio que piden exageradas donaciones, analizado por los curiosos turistas con los ojos más abiertos que hayan tenido nunca, pacientemente llevado por los sufridos familiares (que en señal de duelo se rapan la cabeza).
Alrededor de este fuego, sin ninguna duda purificador, se reúnen también, perros que escarban y olfatean, vacas que se comen las coronas de flores (aun colocados en los cuerpos), cabras que juegan despreocupadas cerca de la pira, monos buscando quien sabe qué, cuervos por supuesto y toda una serie de personajes como peregrinos de otras religiones, gente embriagada de bang, despistados que quieren llegar hasta el fuego mismo y la gente que lleva a cabo todo este trabajo.
Antes de irnos, (parece que ha sido poco lo visto), cogen uno de los cuerpos, lo montan en una barca, llegan a mitad del rio, uno de los remeros se levanta y sin más arroja el cuerpo, que se hunde en un segundo.
El centro del Ganga es un autentico cementerio y tan antiguo como la misma ciudad. Navegar sobre sus aguas le pone a uno los pelos de punta.
Salimos de allí, impactados, casi sobrecogidos y con muchas preguntas. Intentando explicar lo que acabamos de presenciar.
Pasear por las callejuelas es todo un descubrimiento y siempre encuentras algo nuevo por el camino y ayuda a distraer la mente.
Nuestro segundo día en la ciudad santa.
Volvemos al crematorio, multitud de hombres dan vueltas, mirando para que no salga una sola foto de allí. Nosotros aprovechamos la clandestinidad del bar para hacer varias, siempre con respeto y no mostrando mucho la cámara; pero a discreción. El mismo hombre que lleva el chiringuito recrimina a un gancho el haberse sentado delante de un guiri que estaba haciendo fotos. Es una oportunidad única y la aprovechamos bien.
Los sadus andan pidiendo limosna, dicen que mejora el karma.
Casualidades de la vida, encontremos a Ceci y a Miguel. Ha sido una alegría. Quedamos con ellos después, ahora nos vamos a reservar los billetes. Dentro está Nacho, un madrileño al que conocimos en Calcuta, con el grupo de voluntarios que estaban en el Raj.
Llegamos hasta el Dasaswamedh Ghat. A las siete, puntuales, comienza el ganga aarti y además hay luna llena.
Ganga Aarti
La ceremonia dura una hora, durante la cual cinco danzantes repiten una serie de pasos con diferentes objetos. Después, con el mismo fuego del ritual, se encienden las pujas y se depositan en el Ganga, al poco rato cientos de luces vagan por el rio corriente abajo.
Otro día más.
Ir a los ghats se está convirtiendo, casi, en un vicio.
Por muchas veces que lo veas, el impacto siempre es el mismo y no dejas de asombrarte. Antes de bajar de la barca, vemos unos perros rebuscando entre las cenizas; uno de ellos sale corriendo y se pierde entre la gente, (no quiere compartir), con un trozo de hueso (rodilla o codo) en las fauces.
Nos cuentan que hay otro caso en el que no se incinera un cuerpo; cuando uno se muere por viruela.
Para rematar nuestra visita a Varanassi, en la estación vemos a un niño enfermo. Es el ser humano más delgado que he visto nunca. Salimos para Khajuraho a las doce de la noche, con retraso.
31/03 — Khajuraho
Hace un calor horrible.
Khajuraho tiene muchos templos, pero por suerte casi todos están cerca del pueblo.
Adinath
La parte interior de la cúpula, en la entrada, es de piedra, pero parece hecha de madera; muy bonita.
Shanti Nath
En blanco y más nuevo; está cerrado. Es el más grande y en sus patios hay escuelas para los niños más necesitados.
Parsvanath
Dentro hay una imagen de Parsva en color negro. Junto con el de Adinath, es el que contiene las imágenes más sensuales de todo el recinto; las mithunas.
Cenamos en el Bella Italia; mientras bandadas de cotorras pasan por encima dejando una fina lluvia de plumillas.
Al día siguiente, más templos.
Conjunto Occidental
Varaha
Visnu reencarnado en jabalí con el cuerpo lleno de tallas de dioses.
Lakshmana
Bien conservado. Empiezan a verse las mithunas. También se ven sardulas (bestia mitológica, mitad león, mitad humano o animal). Las sardulas le han gustado mucho a la nena.
Kandariya Mahadev
El templo más importante de la ciudad, como el de Laksmana, tiene tallas de corte erótico; sólo en el exterior hay más de 600. Las columnas del interior recuerdan a la torre de Chittorgardh.
El trayecto entre los templos es reconfortante, aunque hace un calor de justicia, los árboles y los floridos arbustos dan un poco de sombra, buscada por todos, hombres y bestias.
Chitragupta
Dedicado a Surya, el dios del sol (raro de ver).
Vishvanath
Hay muchas mithunas, y monos. A su lado el Santuario de Nandi, (toro que monta Siva).
Nos ha gustado mucho todo el conjunto, y se agradece que esté muy cuidado. El tema principal de las tallas, el erotismo, está muy logrado y anuncia más que muestra, lo que hace al lugar más encantador. Cuando en Europa, hace 1000 años, en las catedrales se cincelaban demonios y santos, aquí el maestro escultor disfrutaba de una libertad sexual en el arte, o vista antes. Es todo un capricho verlo.
Después de casi tres horas de visita, volvemos al hotel a descansar y a escondernos del poder de Surya.
Por la tarde visitamos los templos orientales.
Javari
Pequeño pero hermoso. Las figurillas del pórtico están destrozadas, aún así merece una parada.
Vamana
Dedicado a Visnu. En el pórtico está representada la trimurtri (Brahma, Visnu y Siva).
Brahma
Uno de los más antiguos de Khajuraho, está cerrado y es muy pequeñito.
Los alrededores son un remanso de paz; búfalos bañándose, niños jugando ajenos a todo. La zona rural de este pueblo tan turístico es muy tranquila y bonita.
Khajuraho era una de las etapas clave de nuestro viaje y no ha decepcionado lo más mínimo. Es un pueblo encantador y tiene un patrimonio asombroso. Un interesante lugar.
Al día siguiente, salimos hacia Orchha.

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2 pensamientos en “diarios de marzo

  1. guapaaaaa! te echamos demenooss! que sitios mas bonitoos chiicaa k enviiadiiaa jajajaja bueno un beso tekeremos mucho todos!

    muchos besos!

    tu sobrinita xeeniiaaa!:P

  2. Hola chicos,

    (Leer cantando)
    CUM-PLEAÑOS FE-LIZ
    CUM-PLEAÑOS FE-LIZ
    TE DESE-A-MOS TO-DOS
    CUM-PLEAÑOS FEEEEELIZ!!

    FELIZ CUMPLEAÑOS Encarna!! (También va por tí Luis)

    Todavía os queda un poco más de viaje para disfrutar. Tenemos muchas ganas de veros. Seguid disfrutando del viaje y cuidadín con lo que os llevais a la boca… y también con lo que comeis, je,je :)

    Un fuerte abrazo de Berta y Fredo.

    Os queremos!!

    Vito.

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